Andrés Castro y su familia sufrieron la violencia que azotó el municipio de El Dovio, Valle del Cauca, por llevar el apellido de un narcotraficante que ni siquiera conocieron, Iván Urdinola Grajales. Sin embargo, su tenacidad nunca los dejó vencer. Conocieron el proceso de restitución y han logrado cumplir su sueño de tener tierra, cultivarla y vivir en paz.

Rodeado por las cordilleras occidental y central, este territorio del Valle del Cauca, está atravesado por el río Cauca y colinda con la regiones Andina y Pacífica. En medio del municipio de San Pedro, hay un predio denominado La Camila.

Andrés Castro es uno de los 33 beneficiarios que habita esta finca, gracias a una sentencia que ordenó su restitución a través del modelo de compensación. No obstante, tuvo que pasar muchos días de dolor y de miedo antes de obtener la sentencia y cumplir su sueño de tener tierra propia, convertirse en empresario y vivir en paz. Parecen siglos cuando hace memoria del desplazamiento de su tierra natal, en El Dovio, cuando apenas era un adolescente, “el primer desplazamiento que sufrimos fue en el año 2003 junto a mis padres y mis hermanas –comenta–, tenía 14 años, y a través de un vecino a mi padre le llegaron las amenazas de que teníamos que abandonar la región. La causa principal es que mi abuela materna era tía de Iván Urdinola Grajales, uno de los cabecillas narcotraficantes de esa región, que ya había sido arrestado y había muerto en la cárcel”, recuerda Andrés.

Ese apellido Grajales les hizo cargar el peso de que su familia tenía relación con Urdinola, “pero nosotros no teníamos nada que ver con el narcotraficante, ni siquiera lo conocíamos”, asegura. Sin embargo, no hubo más remedio que salir. Se desplazaron con su mamá, su papá y su hermana Angie. Un familiar los recogió en un carro con las pocas cosas que podían cargar. Los acercaron hasta el municipio de Zarzal y allí cogieron un bus hasta Tarazá, Antioquia.  “Llegamos a la casa de una hermana de mi mamá donde vivimos durante un año”, cuenta Andrés con gran nostalgia.

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De pronto un día, ya estando allá medio acomodados, otra hermana de su padre que continuaba en El Dovio los llamó y les dijo que el problema por el que los habían desplazado parecía estar resuelto y que podían volver al predio. Al parecer se había decretado una tregua. Así que sin pensarlo dos veces la familia decidió volver. Decidieron vivir en una casa en el casco urbano. Andrés empezó a trabajar en una pizzería y su papá seguía cultivando en El Guadual (nombre de su predio). En el 2008 estando en su casa, en pleno centro de El Dovio, llegaron hombres armados. Los amenazaron y les dieron 24 horas para salir o los matarían a todos. De nuevo, las amenazas eran por el supuesto vínculo familiar con el narcotraficante Iván Urdinola Grajales. “Recaudamos dinero vendiendo algunos cerdos de engorde que teníamos –rememora Andrés–, y nos fuimos al Cauca, donde mi otra hermana. Esta era la única manera de sobrevivir. Este desplazamiento fue más duro que el primero, porque sabíamos que era definitivo. Ya era la segunda vez que nos amenazaban por lo mismo, esto solo significaba algo: no había posibilidad de volver”.

Una esperanza

En el 2013, Andrés acompañó a su padre a realizar una declaración de desplazamiento y, en medio de este trámite, el Personero de Argelia, Cauca, les preguntó si, por cuenta de la violencia, habían abandonado algún predio por el que podrían aplicar a la restitución de tierras. Emocionados por la noticia dieron inicio al trámite, en la territorial Valle del Cauca ya que su desplazamiento se dio en El Dovio. Tres años después, el padre de Andrés murió y justo salió la sentencia de restitución a favor de la familia Castro. “Cuando salió la sentencia teníamos muchos sentimientos encontrados, porque nos hubiera gustado poder vivir esto con mi padre, quien había luchado tanto por el bienestar de la familia y por el amor a la tierra”, cuenta Andrés.

La restitución de la familia Castro es un caso de compensación. Por las amenazas recibidas y la imposibilidad de volver a su tierra con tranquilidad y seguridad, el juez determinó que a esta familia se le adjudicaría un predio en compensación. En ese momento, el predio La Camila, ubicado en el municipio de San Pedro, Valle del Cauca, que había pertenecido a uno de los cabecillas del narcotráfico en la región, fue objeto de extinción de dominio por su adquisición directa o indirecta a través de actividades ilícitas, y fue entregado en compensación a las víctimas de despojo y desplazamiento forzado de diferentes lugares de Colombia, entre ellos, a víctimas de El Dovio. 

Cosecha segura

“A mi familia y a mí nos correspondió la parcela 24 y dos meses después me vine a vivir aquí con mi esposa, compartimos el predio con otros 32 campesinos, todos de diferentes regiones de Colombia –cuenta Andrés–. Nos interesó el ají, porque cuando nos presentaron el proyecto ya había una empresa que por contrato nos compraría la cosecha, nos garantizaban un precio y además nos ofrecían bonificaciones si sacábamos más de 15 toneladas. Por ende, nos llamó mucho la atención la seguridad del proyecto, tener cosecha y venta segura”.

Es así como esta familia y 32 beneficiarios más hoy se convierten en grandes empresarios del campo gracias al proceso de restitución. Su ají tabasco ha llegado a Norteamérica, Europa y Asia. Esta inspiradora historia hará parte del sexto capítulo de la segunda temporada de la serie ´TIERRA´. Se trata de una serie original de la Unidad de Restitución de Tierras, que cada domingo busca que los ciudadanos conozcan de cerca cómo el proceso de restitución está cambiando la vida de aquellos que fueron víctimas de despojo y abandono. No se la pierda este domingo 25 de julio a las 9:30 p.m. por el Canal Institucional. 

Ahora se están volviendo empresarios de ají y lo están exportando. Conozca su historia en el sexto capítulo de la serie Tierra, este domingo 25 de Julio de 2021 a las 9:30 p.m. por el Canal Institucional.

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